Bajo la mirada del ángel transcurren las historias de un viejo barrio morelian
Por Félix Madrigal
Morelia, Michoacán.- Hay barrios en Morelia que se conocen por sus calles, otros por sus templos y algunos por esos pequeños lugares que terminan convirtiéndose en un punto de referencia para toda la ciudad. En el Centro Histórico, uno de ellos es el barrio de La Pila del Ángel, un rincón donde las antiguas viviendas, los pequeños comercios y la cercanía de distintos templos forman parte de la vida cotidiana. Pero también es un sitio que guarda recuerdos de quienes han crecido entre sus calles.
Uno de ellos es don Gustavo López Vallejo, quien está por cumplir 68 años y ha vivido prácticamente toda su vida en este barrio. Primero en la calle Fuerte de Los Remedios, donde vivían sus padres, y después en García Obeso, en una casa que perteneció a sus abuelos maternos. Al hablar de este lugar, sus recuerdos comienzan desde la infancia, cuando la Pila del Ángel era también el punto de encuentro para jugar con otros niños de la primaria.
En aquellos años, cuenta entre risas, la fuente estaba seca y no tenía la figura que actualmente la distingue. Él y sus compañeros la utilizaban como ring para jugar a las peleas. El ángel que hoy permanece en el sitio tampoco es el original; recuerda que hubo otra escultura que fue robada hace aproximadamente 25 o 30 años y que, después de un tiempo, colocaron la actual. Desde entonces, los vecinos han procurado mantener limpio y cuidado este espacio.
La vida alrededor de la pila también está marcada por la presencia de numerosos templos. San Agustín, San Francisco, Capuchinas, La Cruz, La Merced, El Carmen, Las Monjas, Las Rosas y El Prendimiento, además de la cercanía con la Catedral, forman parte de este entorno. De todos ellos, El Prendimiento tiene un significado especial para don Gustavo, pues recuerda que su abuelo lo mandaba, cuando tenía apenas ocho o diez años, a comprar vino de consagrar a las oficinas de la Catedral para después donarlo a ese templo.
Entre las calles también sobreviven relatos que se han transmitido de boca en boca. Don Gustavo recuerda la antigua vecindad conocida como La Chata, donde, según lo que ha escuchado, habría vivido Pedro Infante durante su infancia. También menciona un inmueble que actualmente pertenece a la Comisión Federal de Electricidad, del que se cuenta que pudo haber albergado la Santa Inquisición. Él mismo aclara que no le constan esos acontecimientos, pero reconoce que son parte de las historias que los habitantes han conservado.
Su propia familia tiene un vínculo con el pasado del barrio. Recuerda a Joaquín Pérez Busta, pintor y tío de su madre, quien realizó trabajos en distintos templos de Morelia. Entre sus obras menciona La Ascensión del Señor, ubicada detrás del altar principal de la Catedral. Incluso la casa donde vive actualmente perteneció a este familiar antes de pasar a manos de su abuelo. También recuerda a antiguas familias de la zona, algunas de las cuales todavía conservan presencia en el barrio.
Desde esa misma casa, don Gustavo ha visto cambiar la vida cotidiana. Lleva alrededor de 40 años viviendo ahí con su esposa y 32 atendiendo una pequeña tienda. Por su mostrador han pasado generaciones de clientes, estudiantes de las escuelas cercanas y vecinos que todavía acuden a comprar. También ha observado cómo los centros comerciales, los créditos y los pagos con tarjeta han cambiado las formas de consumo y han complicado la permanencia de algunos negocios tradicionales.
Recuerda, además, una época en la que los vendedores ambulantes ocupaban portales y plazas del Centro Histórico, situación que, desde su perspectiva, llevó a algunas familias a considerar dejar sus viviendas por el ruido y el movimiento. Con el tiempo, dice, ocurrió lo contrario: volvió a crecer el interés por vivir en el centro y aumentó la presencia de turistas.
Después de casi siete décadas en La Pila del Ángel, don Gustavo ha visto llegar y marcharse vecinos, cambiar los comercios y transformarse las calles. Sin embargo, conserva algo que considera importante: las historias que recibió de sus abuelos y de quienes vivieron antes que él. Ahora espera compartirlas con sus hijos, para que también conozcan los recuerdos de este lugar.
Porque La Pila del Ángel no es solamente una fuente que permite reconocer una parte del Centro Histórico. Es también el hogar de familias que han permanecido durante generaciones, de comercios que siguen abiertos y de personas que, como don Gustavo, guardan en su memoria una parte de la historia cotidiana de Morelia.
Fotos: Félix Madrigal/ACG.



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